Ciencia en el mundo
Administrador
Usuario Héroe
    
Mensajes: 1158
|
 |
« : Agosto 02, 2008, 02:16:01 » |
|
Los sueros y las vacunas confieren inmunidad a aquella persona que los recibe. En el caso del suero, se produce una inmunidad pasiva, ya que sólo se inoculan inmunoglobulinas específicas para un determinado antígeno, y su protección es inmediata, pero válida durante un corto periodo de tiempo.
La vacuna, sin embargo, ofrece inmunidad activa porque se introducen antígenos. Así, la protección es de larga duración, aunque, para que sea activa, se necesita un periodo de incubación.
Existen muchos agentes patógenos para los que se han creado sueros y vacunas, pero ¿cuándo elegir uno u otra?
La vacuna se utiliza cuando el individuo está sano. Así, el sistema inmune creará la estirpe de linfocitos necesaria para “recordar” la enfermedad y luchar contra ella cuando se presente. El suero es útil si se presenta una enfermedad contra la que no tenemos protección.
Un ejemplo de esto lo encontramos en el Tétanos. El Tétanos es una enfermedad grave provocada por la toxina que libera una determinada bacteria. La población infantil sana es vacunada con una anatoxina, que es la toxina desnaturalizada, que, sin embargo, mantiene el poder antigénico. Este mecanismo es preventivo, ya que el sistema inmune ha sido activado. Si la bacteria o la toxina se ponen en contacto con el niño, serán destruidos antes de que lleguen a producir la enfermedad.
Por el contrario, en la población adulta, se parte de la idea de que el individuo está desprotegido; nunca se tiene la certeza de que se haya producido una vacunación eficiente. En estos casos, si se cree que el paciente ha entrado en contacto con el antígeno, se administra un suero con inmunoglobulinas específicas, que tiene un periodo de actuación de 15 días.
|